LOS PREISZ: PARTE DE LA HISTORIA DE ALMADA

El ingeniero en minas Guillermo Preisz cuenta, en primera persona, cómo fue que llegó su familia a la Argentina. Una historia de sacrificios y satisfacciones que comenzó a fines del siglo XVIII en Rusia y que en Argentina residió primero en Buenos Aires, luego en Entre Ríos, Formosa y San Juan. 

Guillermo Enrique Preisz Adolf:


Un alzamiento popular entre 1773-1775 de alemanes radicados en Rusia, entre los que se encontraban mis bisabuelos, (llevados por Catalina “la grande”, que se casó con el Zar de Rusia), hizo estragos en la mayor parte del Volga y los Montes Urales y fue aplastada por el ejército ruso.
A partir de 1.874, por decisión del Zar Alejandro II, los campesinos alemanes, sin excepción, debían regirse por las leyes de Rusia, lo que significaba que perdían su autonomía (conservación del idioma alemán y religión).

Nos radicamos en la zona de Almada, adquiriendo mis padres 230 has., campo al que puso el nombre de “El Nuevo Rincón”. Poseíamos asimismo un comercio de Ramos Generales y contábamos con numerosas cabezas de ganado vacuno de cría e invernada, lanares, yeguarizos; explotábamos la agricultura y avicultura. Teníamos molino a viento para el agua con represa australiana.También fuimos agricultores.

Estas fueron las causas que causaron la primera migración al Continente Americano: USA,Canadá, Brasil y Argentina. Mis abuelos, tanto paternos como maternos se radicaron durante unos meses en el estado brasileño de Santa Catalina. Desde Sta. Catalina, emigró hacia Argentina, a los 6 meses, mi abuelo paterno con su familia y uno de sus hermanos – El tercero emigro a los EE UU al Estado de Missouri. Mis abuelos maternos emigraron desde El Volga hacia la Provincia de Buenos Aires (Coronel Suarez), después a Entre Ríos y finalmente a Clorinda en Formosa. Es por ello que a los alemanes del Volga, nos llaman “el pueblo que emigró dos veces”.


Mis abuelos Preisz - Walther terminaron sus vidas en Estación General Almada, Entre Ríos, en los años 1935 y 1936 respectivamente. Mis abuelos maternos Adolf y Ruf fallecieron en Formosa. De la unión Preisz –Walther nació mi padre Guillermo Preisz, quien se casó en 1929, con mi madre Doña Elizabeth (Lisbeth) Adolf, de cuyo matrimonio nacieron 10 hijos: Guillermo, José, Luis, Armando, Ricardo, Sara, Nélida, Ana, Enrique y Alberto, mis queridos hermanos, de los que hoy solo quedamos cinco.


En Villa Gral. Almada concurrí a la Escuela Nac. 88 cursando hasta el segundo grado. A partir de ahí nuestra familia se radico en la campaña entrerriana, en el “El Nuevo Rincon”. En ese lugar no existía ninguna escuela a la cual se pudiera acceder. En esa misma condición se encontraban unas 15 familias de Alemanes del Volga. Entre todas resolvieron contratar a un maestro que hablaba únicamente el idioma Alemán. Las clases se dictaban en el galpón de una estancia y todos los alumnos, unos 27, nos trasladábamos en sulqui o a caballo. Estábamos todo el dìa hasta las 17 horas, durante 4 años.

Fuimos internalizando y adoptando las tradiciones y costumbres de este gran país, sintiéndonos verdaderos hombres del campo argentinos.
Debido a la numerosa población en edad escolar, era necesario crear una escuela, para lo cual mis padres donaron el terreno, donde se construyó “la escuelita”. La enseñanza se realizaba en el único idioma que el maestro conocía-el Alemán-. No se otorgaba grado alguno, pero diferenciaba el nivel de enseñanza. En esos años estalló la segunda guerra mundial. Así llegamos hasta fines de 1943, fecha el que el maestro decidió irse a Buenos Aires. Previo a esto se había reunido con mis padres y aconsejado que yo siguiera estudiando en Gualeguaychu.
Cursé tercer grado en la Escuela Normal donde cumplí 14 años, rendí 4 grado libre y en la Escuela Matheu cursé quinto, rendí sexto libre y me inscribí en primer año en la Escuela de Comercio para obtener el grado de Perito Mercantil en el Año 1950.

A comienzo del 1951 me presenté en Rosario del Tala (Entre Ríos) para prestar el servicio militar. Como ya habían comenzado algunos recortes en las Fuerzas Armadas, al sortearse los que serían dados de baja, fui uno de los beneficiados.



En mi búsqueda de Ciencias de la Tierra leí en qué Universidades eran enseñadas. Ahíapareció la Facultad de Ingeniería de San Juan dependiente de la Universidad de Cuyo con sede central en Mendoza. Dentro de los títulos que se expedían figuraban el de Ingeniero Geólogo y con un año más el de Ingeniero de Minas. Así fue que me inscribí en abril de 1951, con todos los cursos del primer semestre muy avanzados.
Cuando llegué a San Juan, con un amigo que regresó a la semana, traté de ubicar a la Facultad de Ingeniería. Tomé Avda. Libertador hasta El Parque donde me indicaron que se ubicaba la Facultad. Llegué a calle Ameghino sin ubicarla. De nuevo pregunte a otro transeúnte que me hizo volver sobre mis pasos y me ocurrió lo mismo, pasé sin verla. Ya con cierta angustia volví a preguntarle a otra persona comentándole lo que me sucedía. El me acompañó hasta el sitio que componía la Facultad. No lo hubiera imaginado nunca, eran edificaciones de adobe y materiales precarios los que componían la Casa de Altos Estudios.

Ahí, en calles de tierra no se veía a nadie, hasta el momento en que una persona vestida con traje, al verme tan desorientado, se aproximó y amablemente me preguntó qué buscaba. Le expresé mis deseos de estudiar Minería. Me acompañó a la Oficina de Alumnos recomendándole que me inscribiera. Esa persona era el Decano de La Facultad de Ingeniería, Ingeniero Tomaguelli. A él le debo prácticamente mi título de Ingeniero de Minas.



Como estudiante de Minería realice las dos prácticas de verano, una en Mina “El Aguilar” en Jujuy y la otra en Castaño Viejo en San Juan. En Mina Aguilar, al terminar mi práctica, el Gerente General-Ing. Clinton Miller- me informó que si solicitaba trabajo como profesional, me sería otorgado sin inconveniente.

Así fue como, ya casado con una sanjuanina, Eufemia Hernández (jachallera de pura cepa) y madre de mis cuatro hijos: Elisa, Alba, Cecilia y Ricardo (mis 4 hijos nacieron en San Juan, en la actualidad están radicados 1 en Córdoba, 1 en Jachal y 2 en la ciudad de San Juan); es que solicité trabajo, vía telegrama, en Mina Aguilar. Permanecí 7 años en “El Aguilar “, hasta 1964 como Ing. de Minas.

Durante ese tiempo desarrollé muchos trabajos importantes, pero a los primeros 6 meses de permanencia fui distinguido con un Martillo Minero “por mi Dedicación y Eficiencia “. Se creó el Departamento de Investigaciones Técnicas, durante el cual desarrollé el uso del AN-FO para taladros de pequeños diámetros para la minería subterránea, montando mediante diseño propio, la primera Fábrica del país.
De vuelta a San Juan, comencé a trabajar en el Departamento de Minas de la Facultad de Ingeniería, realicé conferencias respecto a la Explotación de Minas y Arranque de Rocas con voladuras con AN_FO y otros temas.

En el país ya comenzaban a difundirse las noticias de un nuevo descubrimiento minero, Farallón Negro en la Provincia de Catamarca. Se me ofreció, a través del Departamento de Minería de la Facultad, la responsabilidad de desarrollar el Proyecto de Explotación Subterránea del yacimiento y el de Profesor de Mensura Subterránea. Fui profesor también de Explotación de Minas y de Mecánica de Rocas. A todos mis cargos en la Facultad de Ingeniería renuncié, después de 23 años, cuando consideré que le había devuelto a mi querida Facultad, algo de lo mucho que ella me había dado.

Comencé mi camino en la actividad privada, cree empresas mineras, fui socio de quien luego llegó a ser un gran Gobernador de San Juan, el Dr. Carlos Enrique Gómez Centurión; estuve en el Senado de la Nación como Sub Director de Minería y fui Vicepresidente de HIPASAM, entre otras muchas cosas que hice a lo largo de mi vida, siempre relacionadas a la Minería.

Escribí el libro “El Norte de la Minería Argentina”, cuya brújula apuntaba hacia el sur del continente americano, más precisamente hacia Argentina y dentro de ella a San Juan. No me equivoqué, hoy San Juan es una provincia minera y gracias a ello sigo trabajando aún hoy en forma activa, como Jefe de auditores de la producción de Mina Veladero en San Juan y como consultor independiente.

Siempre volví a San Juan haciendo MINERIA de una u otra forma, hasta que definitivamente me radiqué en ella, hace ya más de 30 años, donde encontré también mi “oro viejo”, mi segunda esposa, Susana Navarro, con su brillo singular.Y mis raíces se fueron haciendo fuerte a través de ella, de mis hijos, mis nietos y bisnietos sanjuaninos.

En esta Provincia y en Catamarca se realizó mi gran sueño como profesional: el nacimiento de la Gran Minería de Minerales Metalíferos, la cual seguirá creciendo, aportando desarrollo y bienestar a muchas otras y poblando nuestros desiertos en armonía con el medio ambiente.

Mi primera experiencia en Minería, siendo aún estudiante, la realice entre 1953 y 1954, durante los meses de noviembre a marzo. 



Fue con otro estudiante de minas, bajo la dirección del profesor Doctor en Geología Emiliano Aparicio, profesor de la cátedra en la Facultad de Ingeniería de San Juan. Viajamos hacia la Provincia de Neuquén en la que nos instalamos en una carpa en el cráter del Volcán Tromel. Realizamos a plancheta, el relevamiento topográfico, geológico y el muestreo de los afloramientos de Azufre ayudados por un baqueano que era, a la vez, el dueño del yacimiento.


Nunca olvidaré las fuertes tormentas eléctricas en la cima del volcán, ya que la electricidad entra y sale por las puntas, un espectáculo atrapante, muy fuerte visualmente y aún siento el olor a azufre con cada descarga eléctrica. Realmente fue un verdadero bautismo de “fuego”.

Desde el Volcán Tromen pasamos, siempre en mulares montados y otros cargados con todo nuestro equipamiento para instalarnos en la zona de La Cordillera de los Vientos, en el Volcán Huaile para realizar en él una labor semejante a la del Tromel.
El objetivo de este estudio fue determinar la factibilidad de explotación de las reservas de mineral. Este trabajo lo realizó otro componente del equipo técnico, el Ingeniero de Minas Julio Millán, que se desempeñaba en la Facultad como profesor de Economía y Valuación de Minas.
Nunca olvidaré esa experiencia, ni a Millán y Aparicio. Este último, trabajando yo, ya como Ingeniero en la Mina El Aguilar-Jujuy, y siendo él Decano de la Facultad, me comunicó que estaba en San Juan mi título de Ingeniero de Minas y que él personalmente deseaba entregármelo. Viajé a San Juan y así lo hicimos. Fue un orgullo recibir de las manos de semejante personalidad mi título de ingeniero.

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